La ansiedad es como ese sensor de alarma que se activa cada vez que existe un peligro real o imaginario, a este punto vamos bien ya que la ansiedad nos permite impulsarnos a la preparación de un hecho, como llegar a tiempo al trabajo o pasar por la floristería para llevarle esa rosa a tu madre que tiene todo el mes pidiéndote. Y si de repente este sensor (ansiedad) se activa por cualquier hecho, has terminado todos tus deberes del día pero sigues sintiendo esa necesidad de que no importa lo que hagas sientes que falta algo más por hacer y con el tiempo esta sensación sigue creciendo, ahora sientes que el corazón late más rápido, te sudan las manos o pies, y no logras conciliar el sueño como cuando eras un adolescente.
Aquí tenemos damas y caballeros un individuo con ansiedad que más que ayudar le impide ser funcional y por los próximos meses o años pensara que es normal y buscara refugio en el café, azúcar alcohol o algún tipo de sustancia psicoactiva.
Tiene días buenos donde logra calmar esa ansiedad sin embargo tiene días malos donde lo único que quiere es apagar todo, apagar el teléfono, apagar el WiFi, apagar su vida. No entiende porque se siente todo el tiempo cansado y agotado a pesar de que durmió todo el fin de semana y no fue a ese concierto que le invitaron sus amigos. Y su cabeza no para de pensar en el futuro y de lo que debe realizar en los próximos diez años.
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